Trato de atraparos así,
a salvo de diluvios, secos.
Cierro los ojos y siento
el cosquilleo de la lluvia
entre mis dedos.
Trato de atraparos así,
a salvo de diluvios, secos.
Cierro los ojos y siento
el cosquilleo de la lluvia
entre mis dedos.
De pronto hay niños por todas partes y parece que todas las nuevas mamas te miran como si estuvieras obligada a ser la siguiente. Y entonces surgen mil preguntas: ¿Cuándo está preparada una mujer para ser madre?, ¿es normal sentir vértigo?, ¿hay un antes y un después?, ¿dejará tu pareja de desearte?, ¿pasarás a un segundo plano en la relación?, ¿será el fin de la carrera profesional?
Las conversaciones comienzan a centrarse en úteros, barrigas, felicitaciones, meses, leche, tetas grandes, vómitos, hinchazones de tobillos, hospitales, rupturas de aguas, partos dolorosos, partos en el agua, pañales… Y tú te sientes un poco inhumana porque todo eso en lugar de enternecerte y darte ganas de pasar por esa experiencia que toda madre asegura ha sido la mejor de su vida, sólo quieres correr, correr lejos y aislarte en una cueva como un monstruo.
Quizá es que aún no hemos encontrado nuestro sitio. Quizá las que seguimos en una cuerda floja no nos sentimos preparadas para poner en nuestra barriga un peso que nos haga perder el equilibrio . ¿Cuándo surge ese sentimiento maternal?, ¿nos surge a todas?, ¿estaremos realmente algún día preparadas? ó ¿qué pasaría si simplemente no quisiéramos finalmente tener hijos?
Me pregunto si verá la gente el terror de nuestra cara cuándo escuchamos esa palabra: “mamá”