Noto el frío mármol de tus labios.
¿De que me vale acusarte de convertirme en Medusa
si me vas a cortar la cabeza?
Así de mal terminan los mitos.
Él no era un gigante, ni había guisante bajó el colchón. No eras una princesa. Ay, si no se hubieras creído garbancito no te habrías metido en la boca del lobo.
Que no te vengan con cuentos,
los finales felices no existen.
Ya no puedes huir de mi en tu vorágine, léase: metro, trabajo, gimnasio, bar, cine, hotel, tienda, avión...
Lo que sea.Ya no puedes escapar.
Atrapados en casa, no te quedará más remedio que conocerme de una puta vez:
Me llaman tú.