 |
|
El Gallo, Marc Chagall
|
Busco palabras azuladas para contarte una historia de amor surrealista. Mojaré
las letras de azul marino, cielo y océano para diluir los personajes en tu subconciente.
Tienes que imaginarte una atmósfera verde azulado y respirar en ella óleo y luz
onírica. De pronto emergen del azul verdoso, en un bosque cerca del mar, una
arlequín, vestida mezclando tonos del fuego, que va descalza, porque ya está
cansada de andar y un gallo gigante, con plumas de algodón y llamas en la cola,
del que se ha enamorado perdidamente. Como es un sueño, no debe sorprenderte. En
ese lugar está permitido ser arlequín y por supuesto amar a los gallos que
pelean por ti. Así que no los juzgues. Fluye. Déjate llevar por el incendio. La
arlequín se monta en el gallo y le dice al oído: “llévame lejos de aquí” y el
gallo contesa “quíquiriquí” y la arlequín vuelve a decir “lejos de aquí”,
“quíquiriqui”, “lejos de aquí”, “quíquiriqui”, “lejos de aquí”, “quíquiriqui”...
La arlequín rodea el cuello del monstruo con ternura, arden cabeza contra
cabeza, y siguen difuminándose con amor en el azul hasta desaparecer de nuestra
vista. Dicen que aún habitan los sueños
por las noches en el océano y que reman en una barca, enredados, y que la
arlequín le sigue diciendo todavía “lejos de aquí” y el gallo le sigue
respondiendo “quíquiriquí”. Y así son felices, verdeazuladamente a su manera.